Humanos los derechos

octubre 18, 2010

Un chilango en Sonora

Filed under: Uncategorized — Emiliano Balerini @ 11:39 am

Escena 1. La Taqueria

“Cuando llegues a Sonora no tienes que decir que eres chilango”, le comenta Pepe a Francisco en una taqueria de la Ciudad de México. Frente a ellos, la novia de Francisco, Guadalupe, oriunda de Hermosillo, se ríe.
“Ya que tus padres son argentinos, mejor di que eres de allá”, apunta Pepe, quien nació en Chihuahua, indicándole a su amigo lo que tiene que decir y no, cuando esté en el norte del país.
“Tampoco digas que no te gusta tomar alcohol, pues todos te van a mirar extraño. No mas llegues, te compras una hielera, un six de cervezas y aparentas que estas tomando”, continua muerto de risa.
Entre los tacos al pastor y las chelas sobre la mesa de esa taqueria, en aquella noche de principios de diciembre de 2009, Guadalupe y Pepe le explicaban a Francisco las bondades de vivir en los estados del norte del país. También la relación que tienen con Estados Unidos.
“Nosotros no necesitamos venir al Distrito Federal para vivir, lo hacemos por gusto. En realidad estamos más cerca de Estados Unidos y es más fácil irnos para allá”, indica de nuevo Pepe.
– ¿Pero, entonces por qué vienen al DF sino les gusta? Pregunta Francisco.
-Muy sencillo. Para hacer más bonita la ciudad. Te voy a explicar por qué no se quiere a los chilangos en el norte: Aquí creen que son lo mejor que hay en el país, que la única ciudad es ésta; sin embargo eso nos es así. Como ejemplo: Al Distrito Federal lo mantienen los estados de la República con sus impuestos, en términos generales ustedes no generan recursos.
Los tacos siguen llegando a la mesa, los tres amigos se divierten y mientras brindan por un feliz año, Pepe ataca de nuevo y dice: “Mucho del dinero que nosotros pagamos de impuestos en nuestras entidades, terminan en el Distrito Federal. ¿Cómo podríamos estar contentos con esa situación? Ustedes aquí tienen subsidiados la luz, el transporte, el agua y el gas. Nosotros pagamos mucho dinero por esos servicios y no vemos qué se hace con lo que desembolsamos”.
“Es justo decir, que el presupuesto de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es mayor que el de varios estados y que eso de que sea nacional y abierta para todos los estudiantes, no es cierto. A la UNAM no entra cualquiera y los que ingresan deben de pasar una serie de trámites burocráticos, únicos en el país”.
Además, señala risueño, a sabiendas de que Francisco, tan orgulloso del chilango se está mordiendo los dientes por no saber qué decir, el pase automático de la preparatoria a la universidad es una tontería, lo único que genera es que no haya competencia.
Otro problema de esta ciudad, señala Guadalupe, es el transporte. Pepe asiente e indica: “El metrobús en Eje cuatro, Xola, es una tontería. Desde que funciona hay más tráfico y accidentes”. Francisco sólo los mira reírse de esta ciudad y atina a decir. “Desde que vivo cerca de Xola, hace un año y medio, he visto un sin fin de accidentes, por culpa de los conductores que se meten al carril del metrobús”.
La cena se convierte de repente en un acto de vandalismo contra la ciudad de México. Pepe y Guadalupe sólo muestran los grandes errores del centralismo, mientras Francisco cree que exageran todo.
“Estar en el metro es muy feo. Cada vez que ingresas, los hombres te miran con ganas de masturbarse frente a ti. Hace unos días una amiga y yo lo tomamos y como veníamos de vestido, no quitaban sus ojos de nuestras piernas. A ella, incluso, la han toqueteado”, menciona Guadalupe un poco ofuscada por la situación.
“Subirse a los microbuses es toda una aventura. Los conductores manejan como locos. No están concientes de que somos personas y no animales”, destaca la novia de Francisco, quien parece haber encontrado en Pepe, a un amigo que siente igual que ella, lo difícil que es vivir en el Distrito Federal.
Pepe da un giro a la conversación y explica por qué tomar cerveza en esta ciudad es todo un sufrimiento. Antes de empezar a atacar ese tema pide otra Indio al mesero que los atiende.
-Las cervezas en el DF son enfriadas en un refrigerador que está a cero grados. Ese es un problema, porque nunca termina de enfriarse por completo, ya que éstos tienen un sistema de aire que se apaga cada vez que cierran los restaurantes. En los estados del norte las cervezas son puestas con hielo para congelarse, por lo tanto cuando te las dan son mucho más ricas. En la ciudad de México guardan las cervezas en cajas durante mucho tiempo, eso las afea.
La cena comienza a concluir. Francisco ha sido avasallado. Hace mucho no se veía con Pepe y ahora que se han reencontrado, gracias a que Guadalupe trabaja con él, siente que no tiene armas para rebatir cada argumento dado por su amigo y su novia.
Sólo atina a decir: “Creo que esto que ustedes critican se debe al centralismo que hay en el país. Al gobierno federal no le interesa que los estados sean más independientes y lo que ustedes señalan son algunas de las consecuencias”.
Con esta breve, pero sustanciosa plática de amigos, Francisco viajó a Hermosillo, Sonora, para pasar fin de año allá, con la familia de su novia. Esta experiencia no es la de todos los chilangos que han visitado el norte del país.

Escena 2: El aeropuerto

Francisco llega al Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México a las cuatro y media de la madrugada del 29 de diciembre. Rápidamente se dirige a la aerolínea Interjet, pero ésta no se encuentra abierta. A su lado, se halla una decena de hombres que buscan pasar como ilegales a Estados Unidos.
Poco a poco empieza a llegar más gente. Casi todos son migrantes que han pagado un boleto de avión, a sabiendas de que tendrán que caminar durante días por el desierto de Sonora. Prefieren comprar un paquete que incluya el avión, de esa manera tendrán asegurado, por lo menos, llegar al norte.
La aerolínea aún no abre sus puertas, sin embargo la gente sigue llegando a sus oficinas. Los paisanos visten mezclillas, camisa a cuadros, chamarras de jeans con borrega y sombreros tejanos. Algunos cargan mochilas, otros simplemente la ropa que llevan puesta.
Las mujeres que los acompañan, traen a sus hijos. Casi todos son bebes envueltos en mantas por el frío, apenas se les puede ver la cara. Vienen de distintas partes del país: Guerrero, Puebla, Oaxaca, Chiapas, para despedir a sus maridos o novios. Sus miradas son tristes, están a punto de separarse de sus seres queridos y no quieren hacerlo, no saben si los volverán a ver de nuevo.
Interjet abre sus puertas a las cinco de la mañana. En la media hora de retraso, la sala se llenó, especialmente de los 30 migrantes que viajaran a Hermosillo. Uno a uno pasan los primeros filtros de seguridad. El aeropuerto está atestado de policías, por el atentado que hubo en Detroit días antes.
Ya, en la sala de espera, la número cuatro de la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, los teléfonos no paran de sonar. La gente se sigue despidiendo antes de subir al avión, pues después tendrán que apagar sus celulares.
-¡Hola!
-¿¡Cómo estás!? -, le grita un sonorense a su interlocutor del otro lado de la bocina.
-¡Yo muy bien! Y ¿Usted?
-¡Sólo le hablo para decirle que estoy por salir de México. Llegaré en una hora y media, más o menos. Espéreme para comer!
Francisco mira hacia todos los rincones de la sala. Está desconcertado. Es la primera vez que viaja a Hermosillo, y este no es un viaje cualquiera: en unas horas conocerá a sus suegros. Consigo lleva una mochila. En su interior hay una agenda, una libreta, varias plumas, una grabadora y el libro Chiquita del escritor cubano, Antonio Orlando Rodríguez que está leyendo.
Viste de jeans, suéter rojo de cuello de tortuga, unos zapatos cafés que sus papás le regalaron la noche anterior durante una cena, un gorro negro y una chamarra de pana café. Es alto, rubio y ha engordado en los últimos años. Sus ojos pintan unas ojeras gigantescas que muestran el cansancio que carga consigo por haber combinado su trabajo de periodista y una maestría en Estudios Latinoamericanos en la UNAM.
A pesar de ello, decide sacar de la mochila su libro. Los ojos se le cierran, pero no le importa, pues desea leer la novela. Minutos después, se escucha el anuncio: “Pasajeros del vuelo de Interjet con destino a Hermosillo deben abordar el avión”. Interrumpe su lectura, guarda el libro, saca su boleto, se levanta y hace la fila para subir a éste.
El vuelo despega. Sentado en el asiento 9F toma un café y unas galletitas que le ofrecen y se duerme. Hora y media más tarde, el piloto anuncia su pronta llegada a la capital sonorense.

Escena 3: La llegada, los Naranjeros

Al bajar del avión, Francisco camina por la pista hasta las bandas en donde recogerá su maleta. A su lado, tímidamente van los migrantes que viajaron con él en el vuelo. Caminan despacio y hablan entre ellos. Afuera ya hay varias camionetas que los llevarán al desierto.
Francisco toma su maleta, es la primera vez que en un aeropuerto su equipaje es el primero en salir. Cree que es un buen presentimiento. Camina hasta la puerta y se encuentra con Guadalupe, con quien se saludan con un beso y un abrazo, ya que ella tiene una semana en Hermosillo, pues se fue en camión desde el 22 de diciembre.
Los migrantes son detenidos por la policía aeroportuaria, para ser revisados. Les piden sus documentos: pasaportes, credenciales de elector, algo que identifique quiénes son y de dónde vienen. Al final los dejan pasar. Se suben en unas camionetas y desaparecen como si nada…Van al desierto. Desde ahí emprenderán el verdadero viaje al otro lado.
Guadalupe y Francisco se dirigen a casa de la mamá de ella. Pronto se conocerán todos. Son las ocho de la mañana, por lo que la señora Rosa, mamá de Guadalupe, prepara el desayuno.
Después de los respectivos saludos y presentaciones con la familia, los hermanos Pedro y Ruth; el papá Jorge y Rosa, desayunan junto a Francisco. Platican de todo un poco: las familias, el viaje, el trabajo. Se ríen de las bromas que se hacen en la mesa. Parece que todos se caen bien. Hasta ahora todo está en orden, excepto por los titulares de los periódicos del día que señalan el asesinato de dos personas en Nogales.
Ir a Sonora y no ver a los Naranjeros de Hermosillo, el equipo de béisbol de la Liga Mexicana del Pacífico, es como ir a Argentina y no comer asado. Después de desayunar, Pedro, Jorge y Francisco salen de la casa. Van a comprar los boletos del partido de béisbol que habrá en la noche. Es el clásico de Sonora, el equipo local recibe a los Yaquis de Obregón en el último juego de la temporada regular.
Después de 20 minutos en el coche, de pasar a un mecánico a dejar un automóvil, y de visitar varios bancos para cambiar dinero, llegan a la casa que construyó Héctor Espino con sus batazos. Aún no se percibe mucho ambiente, pues es temprano. En la fila hay unas 10 personas que esperan para comprar sus boletos. Una de ellas es de Obregón y le va a los Yaquis. Platica con un hombre de Hermosillo, pero no cae en las provocaciones habituales de un juego como éstos. Sólo bromean sobre quién ganará.
En su primer viaje a Hermosillo, Francisco ya tiene un itinerario completo. Primero la playa, aunque haga frío. El camino a Bahía de Kino es tranquilo. La carretera se abre paso en medio del desierto. Los sahuaros, la planta típica sonorense, y las montañas secas son el único paisaje que se aprecia a kilómetros. En la camioneta Jorge, Rosa y Guadalupe le explican a Francisco todo lo que sucede alrededor del desierto, pues él nunca había estado en uno.
Al paso de una hora el olor a seco empieza a transformarse por uno más húmedo. No hace calor, pero hay sol y el mar de Cortés muestra su grandeza natural a los visitantes. Francisco baja de la camioneta, se sienta en la arena y aprecia en silencio el paisaje. En realidad, las playas son sus sitios preferidos y viendo este lugar se pregunta: por qué no vive en una ciudad con mar.
Al cabo de un rato emprenden el camino de regreso. Al llegar a Hermosillo se preparan para la visita al estadio, segundo paso en su itinerario. El Héctor Espino abrirá nuevamente sus puertas para que la ciudad se vuelque a ellas.
El estadio es bastante grande. Se encuentra pintado de naranja, rojo y negro, colores de los naranjeros. A la orilla de sus puertas principales una banda ameniza el andar del público. Niños, jóvenes y adultos traen chamarras de José Luis “El Borrego” Sandoval, Vinicio Castilla y Luis Alfonso García, los héroes de esta temporada.
Poco a poco las gradas se llenan, para ver a un equipo que tiene un récord en la temporada de 26 ganados y 11 perdidos, siendo el primer lugar de su división. Por el alta voz se anuncian las alineaciones y aunque hace frío, la ola se apodera del ambiente. “Beto Coyote”, mascota de los Naranjeros, sale en motocicleta y se cae. Entonces da inicio el juego.
Rápidamente Hermosillo se pone arriba en el marcador, Su pitcheo, aunque un poco descontrolado, funciona en las primeras entradas. Sus estrellas, comienzan a batear de hit y en un abrir y cerrar de ojos, el marcador en la pizarra muestra un 5 a 2 para los locales.
El ambiente en la grada es mucho más tranquilo que en el Distrito Federal. En el norte, el público no se mete ni con los jugadores, ni con las decisiones de los ampáyers. Es más respetuoso y purista a la hora de ver un partido de béisbol. Conocen más de las reglas, las respetan y entienden cada momento del juego. Se divierte con todo el espectáculo que rodea a este deporte tan tradicional.
En la sexta entrada, todo comienza a cambiar. Es el primer turno al bat de Erubiel Durazo, jugador que estuvo muchos años en Hermosillo y los dueños de los Naranjeros decidieron venderlo, provocando que el público se moleste ante su presencia. Ahora defiende los colores de los Yaquis de Obregón y tal y como sucedía cuando jugaba con los Yanquis de Nueva York, cada vez que lo abuchean, manda la pelota fuera del parque.
Desde la tribuna baja un abucheo ensordecedor ante la presencia de Durazo en la caja de bateo. Hay dos hombres en base y el tercer lanzamiento del pitcher de Hermosillo es golpeado con rabia. La pelota se va fuera del parque, viaja cientos de millas y cae en el estacionamiento. El bateador, viejo conocido de la casa, camina por el cuadro.
El juego se ha empatado. La gente no lo puede creer. Después de Durazo, la batería yaqui manda todas las pelotas de hit. Pronto el marcador cambia. Ahora gana Obregón y cada vez que Erubiel se presenta a batear recibe un nuevo abucheo y conecta un nuevo home run.
En la octava entrada el marcador es 16 a 5 a favor Yaquis. La gente se empieza a ir, se retiran a su casa o a seguir la fiesta. A pesar de la derrota, el Héctor Espino seguirá viendo actividad este año, pues Los Naranjeros están en las finales y terminaron en primer lugar de su serie divisional, días después se consagrarían como campeones de la Liga Mexicana del Pacífico.
Francisco y Guadalupe se van del estadio. Ella quiere que sus amigos conozcan al nuevo novio, así que la cita es en casa de uno de ellos. Justo ahí se comprueba aquello que Pepe le dijo a Francisco sobre la cerveza: “Aunque hace frío, todas las chelas están metidas en hielo, para que de esa forma se disfruten más”.

Escena 4: El viaje a Mesa

A las seis de la mañana del 30 de diciembre, la familia de Guadalupe se sube a la camioneta. Minutos después arrancan y se van rumbo a Mesa. Van a pasar fin de año del otro lado. Aún es de noche y se aprecia una que otra estrella, una rareza para los que vienen del Distrito Federal y están acostumbrados a la contaminación, piensa Francisco.
En las calles casi no hay automóviles. Aún es muy temprano y la gente sigue de vacaciones. Rápidamente se puede ver la carretera que va desde Hermosillo a Nogales. Francisco sólo piensa en dos cosas: el paisaje que podrá ver en adelante y los migrantes que ya no volverá a encontrarse.
Aunque para la gente del norte, atravesar el desierto puede ser muy normal, para aquellos que vienen de otras partes del país implica muchas sensaciones. En la ciudad de México siempre se ha escuchado lo difícil que representa pasar por el lugar, ya que el clima es extremista: en el día, el calor puede llegar a los 50 grados; en la noche el frío es insoportable.
También suele decirse que por ese exigente camino pasan los migrantes. Sí, aquellos que Francisco vio por última vez subiendo a las camionetas que estaban fuera del aeropuerto. Pasar paisanos del otro lado se ha convertido en negocios para todos.
Después de cuatro horas de camino en medio del desierto, Nogales le abre paso a la gente para que sigan camino al otro lado. Ésta es una ciudad de paso. En ella abundan bares a los que van sobre todo “gringos”, casas de cambio, camionetas, bancos. Es una ciudad dispuesta para el intercambio de mercancías y costumbres entre estadounidenses y mexicanos.
Lo raro, o más bien dicho lo gracioso, para la gente del norte es muy normal lo que se ve en Nogales: cientos de coches queriendo pasar la línea fronteriza, para ir con sus familias a llenar los estacionamientos de los centros comerciales de Tucson y Phoenix de camionetas con placas de Sonora. Comprar allá sale más barato.

Escena 5: ¡Vámonos de shopping!

Pasar al otro lado y no comprar en los Centros Comerciales es todo un desperdicio. Hay tiendas de todo tipo, rebajas al por mayor y ropa que no encuentras en México. Por ello, antes de las celebraciones de fin de año, Francisco, Guadalupe y los primos de ella se fueron de Shopping.
Los estacionamientos están llenos de camionetas con placas de Sonora, Chihuahua, Coahuila o Durango. Sus dueños se apoderan de los pasillos, escaleras y tiendas de los lugares, dejan el dinero de su aguinaldo en comprar diferente mercancías.
Corren por todas las tiendas. Los padres dan indicaciones a sus hijos de lo que quieren. Las señoras buscan ropa íntima, las jovencitas verse más sexys y los hombres y niños: videojuegos y chamarras.
En los establecimientos hay carteles en español y en inglés. Personal bilingüe para atender a las masas hispanas. Francisco se sumas a ellas. Es la primera vez que está en Estados Unidos y hace Shopping. Entra a una tienda, ve las rebajas, sale y se va a otra. Pasa casi cinco horas en por lo menos 35 establecimientos de diferentes marcas.
Corre de un lugar a otro. Se emociona cuando ve algo barato y después dice: “No, no puedo comprar esto”, entra en shock cinco minutos y vuelve a empezar la rutina del día. Guadalupe se ríe de él. Sólo ve como se desespera, le da ternura, pero no le hace caso y sigue en lo suyo, las tiendas para mujeres.
Cientos de personas alrededor de Francisco caminan desesperadas, las rebajas están por acabarse y las prisas entorpecen el camino. No importa si se caen al correr, o se golpean con una banca, hay un grado de desesperación típico de las compras de fin de año. Han pasado cinco horas desde que Francisco, Guadalupe y los primos de ella entraron al Centro Comercial de Mesa, Arizona. Son cerca de las ocho de la noche y deben regresar.
El silencio se apodera de Francisco al caminar por el estacionamiento, que sigue lleno de camionetas de paisanos. De sus brazos cuelgan unas cinco bolsas. Es toda la ropa que compró. Está en shock: sacó seis o siete veces su tarjeta de débito de su billetera para pagar toda su mercancía. Aunque no es mucho, comparado con otras personas, el hecho lo tiene impresionado.
Toda su vida creció escuchando lo malo que era convertirse en un hombre consumista de forma extrema, ahora que lo había experimentado en carne propia, no sabe qué hacer y cómo comportarse con esto.

Escena 6: De regreso con Pepe
Pepe, Francisco y Guadalupe volvieron a cenar en enero, cuando los tres regresaron de sus respectivas vacaciones. En la plática el viaje a Sonora salió a relucir.
-¿Cómo te fue en Sonora? ¿Qué tal te trataron? – pregunta Pepe.
-Bien, me la pasé excelente, a tal grado que creo regresaremos en marzo a una boda- contesta Francisco.
-Debo decirte que ninguno de tus presagios se cumplieron- continua Francisco.
-Nadie me miró feo por no tomar y hablar como chilango- destaca.
-Eso fue porque no nos quedamos mucho- indica Guadalupe entre risas.
La cena siguió tranquilamente, entre risas los tres amigos recordaron sus vacaciones, ahora se les puede ver casi todas las semanas en la misma taqueria del Distrito Federal. Mientras unos atacan al DF, otro intenta defenderlo cuando se puede.

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10 comentarios »

  1. Me encanto! es increible lo natural que resultan todas esas actividades para las personas que vivimos en el norte, y a su vez, como estan tan marcadas las tradiciones sonorenses, como para una persona del sur del pais puede resultar atractiva la vida del norte, y al mismo tiempo, abrumadora. No queda mas que decir, que cada region tiene sus pros y sus contras, pero al final, todos somos Mexicanos, del norte, del sur, del centro, Mexicanos.

    Comentario por Lorenia — diciembre 27, 2010 @ 8:34 pm | Responder

  2. Conoci en el df a agunos buenos amigos d Hermosillo y hay mucha razon de como son ellos ( gente del norte ) nunca los entendi ni me intereso que gueva, pero eso si como ellos mismos dicen son buenas bestias, ademas una chica de delicias chihuhua con la que ligue me trato de maravlla, yo creo que son puro pico.

    Comentario por Alejandro Suarez V. — diciembre 31, 2010 @ 10:17 pm | Responder

  3. La verdad hay cosas muy diferentes yo fui a obregon aver ami amada la amo y siempre la amare aunque tenga costumbres distintas

    Comentario por Donter — mayo 11, 2013 @ 11:47 pm | Responder

  4. Sobre todo la gente del Norte es muchisimo mas guapa que la gente del sur. Indiscutiblemente.

    Comentario por Eduardo Jaime — junio 3, 2013 @ 11:43 pm | Responder

  5. BLANCOS NEGROS ALTOS CHAPARROS GORDOS FLACOS DEL NORTE O SUR TODOS SOMOS MEXICANOS 🙂

    Comentario por EMILY — junio 4, 2013 @ 12:00 pm | Responder

  6. Yo fui al.d.f. muchisimas veces por.mi trabajo, ahi conoci muy bien a la gente de por allá, pude diferenciar de el guacho al chilando y nada que ver losdos.muy diferentes. Y si nosotros los.del norte somos muy regionalistas por que nos reconocen como gente trabajadora y honrada, de echo a mime vailaron varias veces asta que aprendi.biwn la leccion con la gente de allá, por eso la gente no quiere a los guachos por que aon muy ganones y ellos utilizan y es muy popular la frase de la puñalada trapera de hecho hacen la broma y.te dan (disque jugando) el ademas en la espalda, recuerdo de un correo que me llegó hace algunos años la del.guacho que.se vino a trabajar a una maquiladora y le fué de la ch…. que me rei bastante, pero tambien me di cuenta que en todas partes se.cuecen habas por que tambien existe otro cuento del sonorense (Sonsorense) asi nos dicen los guachos, bueno pues éste se fue a trabajar a canadá y por cuestiones de climas pues estaba maravillado pero despues nombre te c…… de la risa por lo que.tu.quiras la.vida en otras partes te suceden situaciones ya.sea clima, gentes etc… lo importanrimportante yes una frase “a donde fueres has lo que vieres” y pues no te va a ir tan mal. Saludos.

    Comentario por jorge leon — junio 4, 2013 @ 2:40 pm | Responder

  7. que viva mexico todo yo soy cubano y mi novia es mexicana y mejor ni mandada a fabricar hermano oye si que me gusta mi novia y la quiero muchos disen de que si son de ac que si son de alla lo importante es ser feliz donde quiera que estes en mi caso yo hasta en el desierto de sahara si mi novia esta a mi lado soyfeliz

    Comentario por adonis — agosto 16, 2013 @ 1:56 pm | Responder

  8. bolches yarboclos pa todos loso chilangos

    Comentario por PAOK — mayo 11, 2015 @ 2:47 pm | Responder

  9. bolches y yarboclos un pasaje sacado de la naranja mecanica nunca supe que quiere decir

    Comentario por tavo — julio 19, 2015 @ 8:36 pm | Responder

    • Significa “huevos grandes” y en este caso va dirigido para todos los guachos caras de sieso.

      Comentario por PAOK — septiembre 1, 2015 @ 7:24 pm | Responder


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