Humanos los derechos

septiembre 17, 2010

Proyecto FARO, una alternativa de vida

Filed under: Uncategorized — Emiliano Balerini @ 5:46 pm

Diez años después de inaugurarse la primera Fábrica de Artes y oficios, el proyecto se reprodujo en tres delegaciones más del Distrito Federal. Cuatro de sus protagonistas nos cuentan su historia.

Marcos Aarón Bárcenas Velásquez, mejor conocido como el “Niño Faro”, no cree en dios, tampoco en la iglesia y los curas, sólo en el arte. Suele decir que la Fábrica de Artes y Oficios de Oriente es su religión. Vive en Santa Marta Acatitla. Tiene 36 años. Cuatro tatuajes adornan su cuerpo.
Es de los alumnos del lugar ¬–ubicado en la Calzada Ignacio Zaragoza entre los metros Acatitla y Peñón Viejo, en la delegación Iztapalapa–, que acude desde que éste fue inaugurado hace diez años por el entonces Instituto de Cultura de la Ciudad de México, con el objetivo de ofrecer una alternativa artística a la zona oriente del Distrito Federal.
Todas las mañanas se levanta temprano. Llega al Faro e ingresa a su centro de trabajo: un viejo galerón de paredes blancas y techo de lámina donde imagina que todo es posible.
“Este sitio es importante porque en el oriente de la Ciudad de México no hay alternativas culturales. Aquí conocí gente de todo tipo, conecté amigas y amigos, vi pasar bandas de rock muy buenas, aprendí a respetar mi cultura. Me gusta hacer trabajos con cartón, y a pesar de todos los problemas del barrio, este es un buen lugar para alejarse del alcohol y las drogas”, destaca.
Aarón llegó cuando tenía 26 años, y el lugar recién abría sus puertas, pasando de ser un terreno baldío donde violaban mujeres y asaltaban gente, a un centro cultural donde se enseñaran distintos oficios. Él era chavo banda y andaba en los conciertos y las peleas del Centro Histórico, Rockotitlan y Transval. Tenía problemas económicos en su casa y poco trabajo. Solía irse al centro a estudiar pintura y cartonería, pero los talleres le costaban mucho dinero.
“En cambio, ahora todo es gratis: las clases, los materiales y hasta los viajes. Hace cuatro años me fui a Toronto, Canadá, para mostrar una obra que representara al Faro de Oriente. La expuse en un centro cultural como éste, sólo que de gente rica”, recuerda.
El Faro de Oriente cuenta con un presupuesto general de cinco millones 919 mil 683 pesos para pagar salarios, comprar materiales y organizar actividades. Atiende anualmente a 300 mil personas, trimestralmente tienen mil 800 alumnos, 51 talleres gratuitos, de los cuales 47 son pagados por la Secretaría de Cultura (SC) y el resto por otras instituciones y 14 promotores culturales. Sus 35 maestros ganan 135 pesos la hora y trabajan seis horas semanales. Asimismo tienen un apartado de 800 mil pesos para promover los servicios culturales, es decir las actividades paralelas a los talleres: conciertos masivos, presentaciones de libros, cine clubs y espectáculos escénicos.
José Luis Galicia, coordinador de talleres de artes y oficios del lugar, dice que Aarón es uno de los que vio el crecimiento del sitio, pues cuando se incorporó había 30 talleres, 22 maestros y 800 alumnos.
Asegura que 60 por ciento de la población que llega a sus actividades provienen de las colonias aledañas, como Solidaridad, La Concordia, Ermita Zaragoza, Fuentes Zaragoza, Santa Marta Norte, el pueblo de Santa Marta, Lomas de Cristo y San Miguel Totongo.
Los resultados de la Fábrica de Artes y Oficios de Iztapalapa provocaron que en 2006, el entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Alejandro Encinas, impulsara una iniciativa para crear tres lugares más en Milpa Alta, Tláhuac y Gustavo A. Madero, donde se pudiera vincular las actividades artísticas con la comunidad y ejemplos como el de Aarón se reprodujeran.

“Me gusta expresarme”

Los conciertos son una prioridad del Faro de Milpa Alta

Ubicado en un segundo piso de la Casa de la Cultura Hoya de Piedra, en la avenida Doctor Gastón Melo No. 40, en el pueblo San Antonio Tecomic el Faro de Milpa Alta cuenta con un presupuesto de un millón 729 mil 592 pesos. Tienen 800 alumnos inscritos en sus 32 talleres de artes y oficios, 11 los paga la SC, el resto proviene de otras instituciones. Anualmente acuden a sus eventos entre 48 mil y 50 mil personas.
En lo que va de 2010 han atendido a 11 mil personas. Sus 32 maestros ganan 125 pesos la hora y trabajan ocho horas diarias; 11 son profesores fijos y 22 temporales. El promedio de edad de sus trabajadores es de 22 años. Tienen seis promotores culturales, asegura Rodrigo García, director del Faro de Milpa Alta.
David Mendoza Hernández es uno de sus promotores. Porta orgulloso una camiseta negra con la leyenda: “FARO de Milpa Alta”. Tiene 20 años de edad. Es delgado, su cabello negro está revuelto y sus ojos lucen cansados. Sin embargo se da tiempo para platicar sobre su vida alrededor de la Fábrica de Artes y Oficios de esa delegación, que a decir de él, es la única alternativa seria que existe. “En Milpa Alta no hay cine, no hay teatros, tampoco lugares de divertimento”.
Llegó hace cuatro años, cuando se inauguró el sitio, para cursar tres talleres de videos. Después se alejó para estudiar la preparatoria, “pero como no encontré el espacio para expresar mis sentimientos, decidí regresar”. Al ver su talento con las cámaras de video, Rodrigo García lo invitó a integrarse al equipo de trabajo.
Todos los días, David llega a las nueve de la mañana. Toma la cámara y se va con Rodrigo a cubrir actividades en los pueblos de la demarcación, pues el lugar es tan pequeño que ahí no se pueden realizar eventos masivos.
Desde pequeño busca todas las alternativas culturales que hay en la delegación. Incluso quiere estudiar cine, pero nunca asistió a una sala. Todas las películas que lo han marcado, como las de su director favorito David Lynch, las vio en un monitor de computadora. Rodrigo piensa que su caso es excepcional, “pues tiene un talento que muy pocos poseen”.

Danza Aérea
Éste es el segundo Faro más grande

Luis Diego Tadeo Araiza quiere ser militar como su papá, José Ramón Araiza Oviedo, a quien no ve desde que tiene un año y de quien dice: “Sólo mi mamá sabe dónde está”. Tiene 13 años. Viste pants grises y camiseta blanca. Es el único niño en el Taller infantil de Danza Aérea del Faro de Tláhuac. No le gusta hablar mucho.
Es delgado, tiene cabello negro y tez blanca. Desde hace tres meses acude al Faro de martes a sábados. “Vengo porque mi hermana Nayeli me invitó”, dice un poco apenado ante la entrevista. Después de ver los 22 talleres que tiene el Faro, eligió dos para cursar: Break Dance y Danza Aérea.
Una de sus maestras, Laura, reconoce que es de los alumnos más avanzados en la clase, por su facilidad de movimiento. Y Nayeli cree que le ayuda mucho a su desenvolvimiento personal, “pues es un niño que ha crecido muy sólo y que vivió cosas muy difíciles, como el abandono familiar”.
En los talleres de danza y Break Dance, Diego es otra persona. Está contento, se divierte mucho. “Aquí encontró una alternativa. Aunque al principio se bloqueó por estar con niñas, se dio cuenta que tenía facilidad para realizar los ejercicios”, destaca Nayeli. Después de sus clases en el Faro regresa a su casa en la Colonia del Mar. Entra, come, hace algo de limpieza y en la tarde dibuja caricaturas. Le gusta pintar héroes con súper poderes. Piensa en su papá.
Ésta es la tercera opción de Fábricas de Artes y Oficios en la Ciudad de México. Se encuentra en el interior del Bosque de Tláhuac, en la colonia Miguel Hidalgo. Su presupuesto es de dos millones 281 mil 618 pesos. Por trimestre tiene 450 alumnos inscritos. Desde que se fundó a la fecha han pasado cinco mil personas, pero se atendieron a más de 80 mil, entre todas las actividades que realizan al aire libre. Tienen 22 talleres, 12 pagados por la SC y el resto por otras instituciones, y 22 maestros que ganan 121 pesos la hora, dice Martín González, su director.

De Cuautepec a Indios Verdes

Este es el único Faro con un salón para practicar exclusivamente danza

María Teresa Rodríguez es maestra de cartonería en el Faro de Indios Verdes. Su especialidad son las máscaras venecianas. Nació en 1968 y es ama de casa. A decir de Mónica Hernández, directora de este Faro, la participación de este tipo de mujeres ha sido importante, incluso superando la de los jóvenes.
El Faro de Indios Verdes tiene 675 personas inscritas: 135 niños, 328 adolescentes, 211 adultos y un adulto mayor. Su presupuesto es de un millón 560 mil 407.20 pesos. Tienen 35 talleres, 10 pagados por la SC y el resto por otras instancias, así como 30 maestros que ganan 121 pesos la hora.
María Teresa no es una profesora cualquiera. Durante dos años estuvo en el taller del maestro Édgar Rivera en Cuautepec, donde vive. Cuando se mudó este Faro a Indios Verdes, a pesar de que quedaba a hora y media de su casa, decidió seguir acudiendo.
Estudió hasta la secundaria, se casó y tuvo a sus tres hijos muy joven. Piensa que el taller de cartonería la saca de su cotidianeidad. Incluso a un año de haberse formado el Faro de Indios Verdes, ella es una de las impulsoras de crear un colectivo que trabajé de manera permanente la producción masiva de máscaras, “pues también es una alternativa laboral”.
El presupuesto general para 2010 de los cuatro Faros es de 11 millones 719 mil 864.20 pesos. De ellos, siete millones 719 mil 864. 20 pesos los pone el Gobierno del Distrito Federal y cuatro millones el Gobierno Federal, dice Liliana López Borbón, directora general de la Red Faros.

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