Humanos los derechos

marzo 29, 2009

Identidad social, conjunto de experiencias humanas: Clémet Rosset

Filed under: Uncategorized — Emiliano Balerini @ 3:35 pm

El filósofo Clémet Rosset

El filósofo Clémet Rosset

El filósofo francés Clémet Rosset se presentó en México con su formula: identidades sociales menos identidades personales es igual a cero. Esto significa que los seres humanos no somos un ente aislado que depende para todo de si mismo. Por el contrario, la gente está influenciada por lo que lo rodea y acontece a diario; por sus gustos, frustraciones, fracasos y alegrías.

 

Alumno de Louis Althusser y Jaques Lacan, este hombre se ha consagrado al estudio de la filosofía. Desde muy joven se vio influenciado por la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Incluso recuerda que la señora que lo cuidaba de niño le decía: “si te portas mal te llevo con los nazis”.  

El autor de El Objeto Singular (Sexto Piso, 2007) estuvo en el país para presentar una conferencia magistral en el Colegio de México sobre las identidades y la realidad; en entrevista habla al respecto.

 

¿Qué significa la hipótesis expuesta por usted sobre las identidades sociales y personales?

No hay dos identidades. Cuando los críticos escucharon ese argumento se burlaron de mí. Dijeron que era una locura y que sólo servía para reírse, señalaron: es una paradoja. Hace muchos años el escritor español José Bergamín le escribió a Miguel Unamuno una carta en donde decía que la realidad es una paradoja. En el campo de las ideas todo es paradójico. Todas las verdades son comprobables. Hay muchos autores que señalaron esto antes que yo. Por ejemplo Pascal, Montainge y David Hume.

El primero decía que nuestro ser es un conjunto añadido de cosas y lugares diferentes, por casualidad y circunstancias personales que han hecho de él una persona completa.  El segundo sostenía que cuando la gente piensa en ella misma ven las características que los define como seres humanos.

David Hume hizo una crítica al trabajo filosófico de Kant que en su Tratado de la Naturaleza Humana (1739) propone la idea de que Dios no puede saberse ni afirmarse. También nos habla de que no existe la identidad personal, pues no se puede percibir. Lo mismo sucede con el concepto causalidad. Hume siempre dijo que el ser humano era incapaz de definir esa palabra. 

 

Al respecto, ¿usted podría definir causalidad?

Si pudiera decirlo, aseguraría que Dios existe, y eso no lo puedo hacer. Creo que es algo que no se puede explicar. Hay cosas que son incomprensibles hasta para los filósofos. Pero, para intentar contestar su pregunta, Hume no dice que existen los seres sociales, sólo que se pueden percibir. Esta afirmación dejó perplejos a muchos pensadores. Él señaló que todo lo que haces, dices y lo que te rodeas no corresponde a la idea individualista del yo, sino al conjunto que te define.

 

¿Qué son las identidades sociales y personales?

La primera, todo aquello que te define como persona o animal. Todo lo que utilizamos en nuestra vida. Por ejemplo cuando un albañil construye una casa y necesita emplear piedras, éstas por si solas no son parte de la identidad social; sin embargo al ser utilizadas por el albañil e incorporarlas a nuestra vida se convierte en un instrumento sociable. Sobre la identidad personal, podría decir que hace 69 años que la estoy buscando en mí y en los demás.

 

En sus tesis, desde hace varios años usted emplea el concepto realidad, ¿cómo lo define?

Es muy difícil. Por diversas razones en nuestras culturas hay mil motivos para explicar qué es lo real y para qué sirve. La idea absolutista de que todas las personas tienen una sola realidad es difícil de aceptar.

En este sentido noto una gran influencia de Kant para desmentir ese absoluto. Él tenía una influencia inmensa en el mundo. Incluso en la gente que no lo ha leído, pues puede conocerlo a través de otros autores.

Él siempre dijo: “Todo lo que decimos, hacemos y todo lo que existe es producto de nuestro espíritu”. Por ello, creo que la realidad no puede ser otra cosa que una idea construida por las personas, que tiene una falta de credibilidad y es subjetiva.

 

¿Cómo caracterizaría la identidad social del mexicano? 

En la conferencia magistral que di en el Colegio de México mencione la obra El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz, como ejemplo de la definición de la identidad social en este país. Sin embargo no soy mexicano, por lo que no conozco mucho del tema.

La idea que los parisinos tienen de México es fantasmagórica y no tiene nada que ver con lo que realmente son. No sé que pensar sobre el libro de Octavio Paz. Me generó muchas dudas. Hay algunas partes muy interesantes sobre la Conquista y la historia precolombina. Sobre lo que dice de la personalidad del mexicano se pierde en las brumas, hay muchas lagunas.

En algunas partes del libro explica que el mexicano es único, dos líneas más abajo aclara que ustedes son similares a todas las personas del mundo. Habría que escoger una opción. Una anécdota muy divertida para explicar esto es: una persona pregunta: ¿qué es la identidad social? La respuesta se la da una señora: es nada, la nada soy yo. 

 

 

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marzo 28, 2009

Sobre Manu Chao y la Libertad de Expresión en México

Filed under: Uncategorized — Emiliano Balerini @ 2:22 pm

Manu Chao en concierto

Manu Chao en concierto

El pasado 24 de marzo el cantante Manu Chao, quien coordinó la selección de Cinelandia del 24 Festival Internacional de Cine en Guadalajara, frente a medios de comunicación lamentó el caso de las mujeres asesinadas de Ciudad Juárez y reafirmó su compromiso con los presos políticos de Atenco.

Si bien no participará en las movilizaciones del próximo mayo con motivo de los 3 años de la represión en Atenco, sí aseguró: “Estamos preparando muchas cosas juntos (con Atenco) para intentar terminar un día con la injusticia y que la gente entienda que puede ocurrir lo mismo aquí a un lado. Lo que pasa en Atenco, es un terrorismo de Estado.”

La declaración del músico francés lo ha hecho acreedor a una investigación por parte de la Secretaría de Gobernación bajo el argumento legal de violar el Artículo 33 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que especifica que: “los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país”.

“Se está haciendo una investigación a Manu Chao para saber qué fue lo que pasó, qué dijo y en qué contexto. Habría una sanción, dependiendo del resultado”, declaró una fuente de la Secretaría de Gobernación de acuerdo a la agencia internacional Reuters.

Es importante mencionar que Manu Chao a suscrito la Campaña Nacional e Internacional Libertad y Justicia para Atenco al igual que: Samuel Ruiz García, Obispo emérito de la Diócesis San Cristóbal de las Casas; Ofelia Medina, actriz; Julieta Egurrola, actriz; Carlos Montemayor, escritor; Ana Francis Mor, actriz; Raúl Vera, Obispo de la diócesis de Saltillo, Coahuila; Francisco Toledo, pintor; Diego Luna, actor; Roco, vocalista de la banda de rock Maldita Vecindad y los hijos del Quinto Patio; Adolfo Gilly, académico; Luis Villoro, filósofo; Bruno Bichir, actor; Paco Ignacio Taibo II, escritor y periodista; Daniel Giménez Cacho, actor; Miguel Ángel Granados Chapa, periodista; Demián Bichir, actor; Fray Miguel Concha Malo, fraile dominico y director del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria; Luis Hernández Navarro, periodista; Rubén Albarrán, vocalista de la banda de rock Café Tacuba; Jorge Zárate, actor; Los de Abajo, banda de ska y rock, asi como por organizaciones defensoras de derechos humanos.

Dicha Campaña pide la libertad de los 12 presos políticos de Atenco dados los abusos políticos y policiacos, y las violaciones de derechos humanos que se dieron en mayo de 2006 en San Salvador Atenco, Estado de México.

La edición nacional del periódico Milenio Diario del día de hoy publica en su sección de espectáculos que “la Secretaría de Gobernación, dependencia que encabeza Fernando Gómez Mont, a través de su Subsecretaría ya solicitó a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y al Instituto Nacional de Migración (INM) toda la información relacionada con la calidad migratoria con que ingresó el cantante a nuestro país, así como la naturaleza del evento al que asistió y los pronunciamientos que realizó.”

Este señalamiento nos muestra el poco respeto por la libertad de expresión e ideas de los diversos grupos sociales, civiles y artísticos.

Para Cencos es importante recordar que de acuerdo con la Convención Americana sobre Derechos Humanos, ratificada por México el 3 de febrero de 1981(1), en su Artículo 13 Libertad de Pensamiento y de Expresión se señala que: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección.”

[1] Fuente de información: Documentos básicos en materia de Derechos Humanos en el Sistema Interamericano, P. 50, Organización de los Estados Americanos, Washington, D.C. 2007. 

Esta información fue confirmada por un portavoz de la Secretaría, citado por la agencia internacional Reuters.

marzo 25, 2009

15 de marzo: las verdaderas elecciones del siglo en El Salvador

Filed under: Uncategorized — Emiliano Balerini @ 1:53 pm

Mauricio Funes, presidente de El Salvador

 

Esta crónica es de una amiga salvadoreña que fue observadora electoral en las elecciones presidenciales que ganó Mauricio Funes. A continuación sus impresiones de este episodio histórico para el pulgarcito de América y el resto del subcontinente.

Por: Carmen Elena Villacorta

15 de marzo de 2009: a las 4:00 am estuve lista para empezar mi primera experiencia como observadora nacional de las elecciones presidenciales en El Salvador en el populoso municipio de Ciudad Delgado, dentro del Área Metropolitana de San Salvador. Sería un largo día. Ciudad Delgado me recibió con la sorpresa de pobladores saliendo al encuentro de una procesión vestida de rojo, encabezada por los sonoros tambores de una batucada. Visión premonitoria de lo que se multiplicaría por miles, 20 horas después.

En términos generales, la jornada electoral transcurrió con normalidad. No faltaron las evidencias de intentos de fraude. En Ciudad Delgado hubo dos casos escandalosos.

Para que se comprenda mejor, una explicación breve. En El Salvador, quienes trabajan en las Juntas Receptoras de Votos (JRV) —nombre genérico de las mesas de votación— están autorizados por la legislación electoral para ejercer su derecho al voto en el mismo centro de votación en el que realizarán el trabajo, antes de las 7:00 am, hora en la que se abren las urnas al público en general.

Para evitar que en otro momento del día acudan a votar por segunda vez en el lugar que les corresponde, de acuerdo al padrón electoral, se les decomisa el Documento Único de Identidad (DUI), hasta la hora de cierre de las urnas.

En el centro de votación DIGESTYC, en el fui asignada como observadora, se presentaron en horas de la mañana un diputado de ARENA y cuatro guarda espaldas armados como responsables de mesa.

En virtud de su acreditación, pudieron votar en las mesas que supuestamente tenían que cuidar, pero no permitieron que se les manchara el dedo con tinta indeleble (procedimiento obligatorio después de marcada la papeleta e introducida en la urna), ni entregaron sus DUI a los encargados. Acto seguido, abandonaron el lugar y no se les volvió a ver en todo el día.

No sólo faltaron en el desempeño del papel al que se habían comprometido; lo más grave y probable es que los cinco hayan vuelto a votar por ARENA, cerca de sus respectivos domicilios.

En horas de la tarde se descubrió un caso de doble voto ejecutado por un arenero al que miembros del FMLN descubrieron e identificaron. La policía se lo llevó detenido a una delegación.

La ley ordena para este delito entre 3 y 6 años de prisión, pero no he tenido más noticias al respecto. Más allá de Ciudad Delgado, los días siguientes a las elecciones he sabido de otros movimientos sospechosos: buses provenientes de Nicaragua, Honduras y Guatemala fueron detenidos en las fronteras y en algunos puntos de San Salvador.

Aquí, en la capital, ciertas calles amanecieron ese 15 de marzo con marcas verdes dibujadas en el suelo, con el objeto de orientar a los choferes extranjeros hacia los centros de votación. Un grupo de ciudadanos que detuvo 2 de 3 camiones llenos de vecinos centroamericanos denunció que algunos confesaron haber recibido USD $ 200 por cometer el fraude.

Esta información coincide con hechos como haber encontrado correligionarios de ARENA con varios DUI escondidos entre su ropa y las denuncias de estacionamientos en los que se estaban repartiendo DUI como si fueran servilletas. No en vano hay electores que, celebrando el triunfo, aseguran: “le ganamos a ARENA, a la campaña sucia y multimillonaria que impulsó, al PCN, al PDC y también a los hondureños, los guatemaltecos y los nicas”, en referencia a las personas de esas nacionalidades que venían a ejercer un voto ilegítimo por ARENA.

No obstante, las voces de quienes defienden la limpieza del proceso electoral e invitan a olvidarse de las denuncias de fraude no han tardado en hacerse escuchar. Como observadora de las elecciones y como ciudadana salvadoreña sostengo todo lo contrario.

Frente a una competencia electoral tan reñida y una diferencia tan pequeña en el número de votos, los intentos de fraude llevan a cuestionamientos decisivos: ¿cuántos votos efectivos de ARENA fueron fruto de trampas que no pudieron detectarse? ¿Cuántos de los resultados electorales anteriores han estado viciados por esto mismo? ¿Qué tan duro es el “voto duro” de ARENA? ¿El hecho de que se lleven a cabo estas medidas fraudulentas no demuestra la falta de voluntad de ARENA por jugar limpiamente el juego de la democracia electoral que ha enarbolado en su discurso? ¿La impunidad en lo que respecta a estas medidas ilícitas no atenta contra el proceso de profundización democrática por el que atraviesa el país desde la firma de los Acuerdos de Paz?

Una de las primeras reformas que este nuevo gobierno debe llevar a cabo es sin duda la modernización del sistema electoral en El Salvador. Ya hemos escuchado a dirigentes del Frente pronunciarse en ese sentido.

La idea es despartidizar las instituciones y los procesos electorales  e implementar el voto domiciliar (un sistema que permite a cada quien ejercer el voto en su respectiva colonia y domicilio), entre otras medidas tendientes al empoderamiento ciudadano del sistema eleccionario.

Que sea la gente, más allá de los cuadros partidarios, la que se apropie de los comicios y garantice su transparencia. Este triunfo fue posible precisamente por eso: porque la gente se apersonó y lo vivió como suyo.

En ese sentido, hubo cordones humanos que se encargaron de impedir el ingreso de buses centroamericanos al territorio salvadoreño. En algunos casos se cometieron injusticias, porque se negó la entrada y se agredió a grupos que no venían a hacer fraude, sino a ejercer funciones de observación e información. Los salvadoreños estaban dispuestos a defender su voto y a evitar el fraude hasta con las uñas si era necesario.

Hubo en muchas casas encargados de transportar a cada miembro de la familia para llevarlo a votar. Los que pudimos, viajamos desde otros países con el objetivo principal de ejercer el sufragio. A los centros de votación se acudió masivamente y las camisetas y accesorios del FMLN o de ARENA pululaban por doquier. No dejó de llamarme la atención el hecho de que la campaña electoral no haya cesado ese día.

Al contrario, la ciudad, congestionada como un día regular de la semana, vibraba de movimiento y efervescencias partidarias.

Clímax de ese fervor presencié en dos centros de votación a los que acudí acompañando a alguien a votar y votando. En el primer lugar, el centro escolar España, tuvimos que hacernos a un lado, por orden de policías y agentes de seguridad, para que tres camionetas de grandes dimensiones se introdujeran lo más posible dentro del estacionamiento: Tony Saca, todavía presidente de la República —a quien, dicho sea de paso, le están cobrando sus compañeros de partido la derrota— llegaba a marcar la papeleta en la bandera de ARENA. Un abultado grupo lo rodeo y comenzó a cantar apasionado el himno de ese partido.

Me revolvió las entrañas escuchar que en la parte más agresiva de la letra levantaban todavía más la vos: “El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán”. Poco después, en Antiguo Cuscatlán, ocurrió otro tanto, cuando la alcaldesa de ese municipio —arenera reelecta en enero por 7º vez— votaba en el mismo centro en el que debía votar yo.

Un nuevo enjambre arenero la rodeó y vitoreó. Cuando pregunté a los observadores y fiscales electorales de dichos lugares si estaban permitidos tales pequeños mítines, me respondieron que no, pero que los correligionarios del FMLN hacían lo mismo y también se los permitían. Parece ser un rasgo muy arraigado dentro del electorado salvadoreño hacer proselitismo hasta el último minuto.

La suma de todos estos elementos me permite afirmar que la vocación democrática del pueblo salvadoreño se evidenció, como en otros momentos decisivos de la historia, en estas elecciones.

En Ciudad Delgado la mayor parte de partidarios del Frente acudió en horas de la mañana y el medio día a votar. Familias enteras, abuelas que sólo podían caminar con ayuda de alguien y que nunca antes habían votado y bebés ataviados con los colores rojo y blanco, inclusive, acudieron a marcar las banderas del FMLN en las papeletas de votación.

A juzgar por los contenidos de las urnas, que se abren y se cuentan en presencia de todos los encargados de la mesa, los votos de ARENA se ejercieron sobre todo en horas de la tarde, al menos en el centro de votación DIGESTYC.

El grupo de observadores que me acompañaba en el lugar llevó a cabo una eficiente labor de conteo de votos por mesa, de promedios y porcentajes. Para las 7:00 pm conocíamos los resultados: de 19 Juntas Receptoras de Votos, 14 habían sido ganadas por el FMLN y 5 por ARENA, con una diferencia del 4% a favor del Frente. Justo la tendencia que se mantendría a nivel nacional y daría el triunfo definitivo a éste último. Alrededor de esa hora, recibí una llamada que reafirmaba mi sensación de victoria: el FMLN había ganado en San Miguel y la arena había declarado ya públicamente su victoria. La gente ya estaba celebrando en las calles. ¡Ganamos, amiga! Me decía la voz al otro lado de la línea. ¡Ganamos!

Me inquietaban dos temores: que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) demorara conscientemente los resultados oficiales y que ARENA se negara a reconocer la derrota. Los gritos de júbilo hubieran podido convertirse fácilmente en gritos de frustración, de rabia y violencia.


Pero la diferencia entre ésta vez y las elecciones de, por ejemplo, los años setenta en El Salvador, es que ahora la derecha no podía acudir a sus consuetudinarios recursos de antaño: la represión indiscriminada, la fuerza militar, la complicidad estadounidense y los golpes de Estado.

Los tiempos han cambiado. La correlación de fuerzas a nivel continental favorece a la izquierda. El nuevo gobierno de Estados Unidos parece querer redefinir sus estrategias de acercamiento con América Latina, en aras de recuperar una hegemonía que ha ido perdiendo fuerza en el continente. Esta vez no había armas de por medio. La voluntad soberana del electorado tenía que ser respetada dentro del marco democrático. ¡Y ganamos!

En el grupo que me rodeaba, la sensación generalizada fue de incredulidad. Ni los extranjeros ni los locales podíamos terminar de creerlo. Lo primero que me sorprendió fue la rapidez con la que empezaron a hacerse públicos los resultados.

Hacia las 8:00 pm, Walter Araujo, presidente del TSE y furibundo arenero, leyó los datos correspondientes al 33% del escrutinio a nivel nacional. Se reveló allí la tendencia que se mantendría hasta las 10:00 pm, cuando el 91% del conteo fue revelado: 52% de votos a favor del FMLN, 48% a favor de ARENA. Fue una competencia reñida, pero GANAMOS.

El espíritu de triunfo que se fue contagiando por todo el país empezó a inundarnos hasta que en San Salvador recibimos la noticia de que la concentración sería en El Salvador del Mundo (monumento del santo patrono nacional) y en Masferrer, dos glorietas que se comunican entre sí por la calle Paseo General Escalón, columna vertebral de la colonia Escalón: el corazón de la burguesía capitalina.

En el trayecto hacia ese punto de encuentro se veían cada vez más carros, cada vez más personas celebrando, emanando un entusiasmo genuino y profundo. El Paseo Escalón se convirtió todo en una enorme fiesta roja. Banderas rojas, camisetas rojas, niños saltando, cientos de jóvenes lanzando gritos de júbilo, lluvia de viejas y nuevas consignas: “el pueblo unido jamás será vencido”, “sí se pudo”, “¿quién dijo miedo?”. Aunque se veían carros nuevos y algunas camionetas lujosas, los símbolos de ARENA habían desaparecido de la ciudad por completo.

La mayor parte de los carros y los buses llenos de gente que acudían sin cesar y ya no cabían en la concentración eran viejos y destartalados, porque la mayoría de la gente que acudió a la celebración era gente humilde. Miles de personas se habían desplazado desde los extremos de la ciudad, desde municipios apartados de la Escalón, como Soyapango, Mejicanos, Ayutuxpeque y Zacamil, a horas en las que por la capital ya no circula el transporte público, para presenciar el discurso de Mauricio Funes, el nuevo presidente de El Salvador.

Y el discurso fue más de lo que todos esperábamos. Su tono conciliador, unificador y pacificador daba argumentos para pensar que esa celebración y esa alegría tenían un sólido fundamento: una nueva etapa está comenzando en El Salvador. Acorde con ese espíritu reconciliatorio transcurrió la celebración. Hubo euforia colectiva intensa, pero todo se dio en orden.

Ni una pinta en la pared, ni un vidrio roto, ni un episodio de violencia. Se trató de una auténtica fiesta cívica en la que todos los presentes nos convertimos en hermanos. Éramos caras desconocidas, pero compartíamos el mismo sentimiento y nos comprendíamos con sólo mirarnos y regalarnos sonrisas.

¡Por fin! Después de tantos años de irrespeto hacia la voluntad popular, después de medio siglo de dictadura militar, después de la represión indiscriminada de los setenta y ochenta, después de 11 años de guerra civil, después de 80 mil muertos, después de 20 años de neoliberalismo a ultranza y prepotente gobierno de ARENA, después de toda una vida en la que la derecha ha gobernado siempre, con la actitud de propietaria de una hacienda y alejada en todos los sentidos de las mayorías populares, ¡ganamos! Tanta lucha y tanto sacrificio valieron la pena.

La izquierda llega al poder en tiempos de crisis económica mundial y enfrentar a la derecha salvadoreña como contra poder y como fuerza opositora no será tarea fácil.

Pero la atmósfera poselectoral que se respira es de optimismo, de motivación para trabajar, de conciencia en la necesidad de que todos somos responsables de producir el cambio. El Salvador se viste de nuevo con ropas de revolución, pero la revolución que emprendemos ahora es la transformación creativa y liberadora de la cultura, la vocación y el compromiso. El Salvador está dando muestras de una mayor madurez política.

Hemos aprendido lecciones y hemos dado un paso al Frente, en honor a nuestros muertos y en nombre de nuestro futuro. Seguimos celebrando este triunfo, que es salvadoreño, latinoamericano y de todo aquel que quiera abrazarlo para llevarlo a su destinatario legítimo: el pueblo.

Gracias a los observadores internacionales que vinieron de lejos para formar parte de estas elecciones trascendentales y de este momento definitorio de nuestra historia. Gracias a todos los que nos han acompañado de diferentes formas a lo largo de décadas enteras de lucha por la superación de los atavismos retardatarios en El Salvador. Esta victoria también les pertenece. No dejen de estar pendientes de nuestros pasos. Y hagan un brindis en honor de este pueblo que al fin está estrenando el gobierno que se merece.

Hoy en el pulgarcito de América nace la esperanza. Viene el cambio.

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