Humanos los derechos

octubre 12, 2007

Libertad de expresión: un fraude

Filed under: Derechos de los periodistas — Emiliano Balerini @ 3:08 pm
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medios.JPGAunque esta columna tendría que haber salido hace unos día, el autor prefirió esperar para reposar el tema en su cabeza y en los medios dce comunicación. Seguramente el tópico que se aborde a continuación les parecerá a muchos un fiasco. No lo es. En México desde hace varias décadas los periodistas padecen de la libertad de expresión. Sí, la padecen. Me refiero evidentemente a que los intereses de los medios de comunicación, así como el de los políticos son demasiados.

Como ejemplo de lo que digo, se encuentra la famosa Reforma electoral impulsada desde el Congreso de la Unión. Ella ha generado todo tipo de debates porque en el apartado de medios de comunicación, los senadores y diputados del país, decidieron quitarle a los concesionarios el derecho de cobrar la propaganda que saliera en sus espacios y convertirla en tiempos oficiales.

Eso provocó que en días pasados viéramos desde las televisoras más importantes del país -Televisa y TV Azteca- toda una oda a la supuesta libertad de expresión. Enarbolados en ella, hicieron programas de análisis, spots publicitarios, entrevistas a supuestos especialistas en medios de comunicación, para criticar la decisión legislativa.

No podemos dejar de lado, que además del embate mediático antes mencionado, los conductores más populares e importantes de la televisión mexicana desfilaron por la sala alterna de la Cámara de Senadores en la Torre del Caballito, para escuchar primero la propuesta y después desecharla por creer, según ellos, que afectaría su forma de expresión en su trabajo.

En realidad, los connotados periodistas fueron enviados por sus jefes -los dueños de las televisoras- al matadero. Acudieron al sitio sin siquiera haber leído la ley; y evidenciaron su falta de conocimiento sobre el tema. Palabras como las de Paty Chapoy sobre su preocupación por  no poder decir que el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto es guapo, representan un claro ejemplo de lo que digo.

Al igual que la conductora de espectáculos, los periodistas que todas las noches dan las noticias, señalaron su preocupación por no poder criticar a los legisladores. Frases como: “lo más preocupante de esto no es la reforma a los tiempos oficiales del gobierno en los medios de comunicación, sino que ya no podamos criticar o hablar con libertad sobre ustedes (legisladores)”, retumbaron permanente las paredes de ese salón repleto de senadores, diputados, periodistas.

Pero de qué libertad de expresión hablan estos connotados periodistas. ¿Cuándo la han ejercido? ¿Cómo lo han hecho? Su supuesta libertad es completamente debatible en todos los aspectos.

Por ejemplo: dónde estuvieron esos periodistas que hoy dicen ostentar la verdad cuando el 2 de octubre de 1968 hubo una matanza de estudiantes en Tlatelolco y Jacobo Zabludovsky responsabilizó a los jóvenes de lo sucedido y se convirtió, por consiguiente, en coparticipe del poder fáctico gubernamental.

El autor de esta columna informal también pregunta: dónde estuvieron esos comunicadores el 10 de junio de 1971, cuando las guardias blancas del gobierno asesinaron a decenas de jóvenes que se manifestaban pacíficamente por las calles de la ciudad de México; Dónde se encontraban los reporteros de la verdad en el fraude electoral de 1988, o cuando fue asesinado Manuel Buendía a las afueras de su domicilio.

Dónde estuvieron estos que ahora patentan la libertad de expresión en la matanza de Acteal o de Aguas Blancas; en la irrupción del EZLN; por qué no ejercieron una crítica responsable cuando se dio a conocer el Fobaproa o Pemexgate; por qué taparon el tema; qué intereses tenían esos medios electrónicos tan democráticos que tenemos.

Dónde se encontraban estos que ahora dicen defender la libertad de expresión cuando desde el gobierno de Vicente Fox se intentó desaforar al candidato presidencial -que hasta ese momento era el favorito- Andrés Manuel López Obrador; más precisamente, en dónde estuvieron cuando se orquestó el fraude electoral el año pasado.

En resumen lo que se quiere con esta columna no es santificar al Poder Legislativo de la Nación, pero sí reconocer que la Reforma Electoral y en especial el apartado de los medios de comunicación tiene como fin acabar con el poder que ostentan en el país. No es posible que medios concesionados por el gobierno puedan dictar las políticas públicas que se deben realizar en México.

Es probable que me falten hechos contundentes para ejemplificar la falta de coherencia de algunos periodistas mexicanos, sin embargo aquí están algunos acontecimientos en los que evidenciaron su falta de ética con la profesión y con su audiencia.

Por último tampoco es que los periodistas no puedan quejarse o criticar alguna decisión gubernamental; pero sí es que lo van a hacer, tendrían que decir la verdad: la razón de su molestia es porque les quitaron dinero y poder, que además es del gobierno; por lo tanto de los ciudadanos.


 

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