Humanos los derechos

octubre 6, 2007

La noche que se fue

Filed under: Uncategorized — Emiliano Balerini @ 1:07 am

Roberto recordaba esa noche de mayo como si fuera ayer. Habían pasado más de cuatro meses y aún tenía pesadillas. Esperaba sentado en el jardín de su casa a que sus amigos llegarán. Mientras, su mente regresaba y viajaba a ese terror que lo había envuelto en las últimas semanas.

Salió del diario NOTICIAS, de Michoacán, acompañado de Gerardo, el otro Coeditor de la sección política y amigo desde la universidad. Se dirigían a la fiesta de uno de los fotógrafos del rotativo -de nombre Jorge-, a uno de los barrios más populares de Morelia, Ventura Puente, en la capital del estado.

Al llegar al domicilo bajaron de la camioneta, entraron a la casa, saludaron a sus compañeros de trabajo y cinco minutos después decidieron salir en busca de cervezas. Recorrieron las tiendas cercanas sin encontrar ninguna abierta. Decidieron alejarse de la colonia para ir a buscar al “Tío”, un hombre que clandestinamente vende todo tipo de bebidas después de las dos de la madrugada, que es la hora hasta la que los expendios de la capital michoacana pueden vender.

Cuatro caguamas y un refresco era el motín perfecto para iniciar la fiesta. Por lo menos así lo parecía. Al regreso, ingresaron de nuevo a la colonia Ventura Puente; pero esta vez se equivocaron de calle. Sin darse cuenta se metieron a una zona en la que había un operativo militar.

Al grito de paren el auto o los matamos, los dos amigos se paralizaron. Desde tres esquinas veían como un grupo de soldados les apuntaban a sus cabezas con armas: AK-47. Pararon la camioneta. Antes de bajar de ella Roberto ya había sido golpeado por uno de estos hombres. Los jalonearon y pusieron al frente del vehículo. Enseguida la cara de él fue golpeada contra el cofre de la camioneta. Los militares no cesaban; siempre contra la misma persona.

Mientras revisaban la pick -up blanca en la que se transportaban los dos amigos las preguntabas iban y venían: ¿Quiénes son? ¿Que hacen aquí? ¿A quién vienen a ver? ¿A qué se dedican? Las respuestas fueron igual de contundentes: “Nos llamamos Roberto y Gerardo; somos periodistas; trabajamos en el periódico NOTICIAS; nos equivocamos de calle, porque nos dirigimos a la casa de un amigo; ibamos a una fiesta”.

En total los habían rodeado 20 militares. Todos los apuntaban a la cabeza. Mientras seguían con sus preguntas -que según ellos eran de rutinas-, encontraron 100 gramos de marihuana. Eran de Gerardo; Roberto no sabía que estaban en el auto.

Ese fue el momento en que comenzó el verdadero tormento. Los golpes siguieron. Siempre a Roberto. Una y otra vez: De la cara a las piernas. De ahí a las espalda. Así, durante 20 minutos, hasta que encontraron en las billeteras de ambos sus credenciales de periodistas.

Entonces llamaron al oficial a cargo del operativo. Los esposaron y llevaron hasta una camioneta. En un trayecto de 30 metros a lo mucho, pudieron observar que 15 personas más estaban detenidas. Se encontraban tirados en el piso. Todos golpeados y sangrados.

Los soldados gritaban: “¡Miren al frente o se los carga la…Obedezcan. No sean tontos. Vean al frente o los matamos!”. Los periodistas hicieron caso. Siguieron su camino hasta que se encontraron de nuevo con el jefe responsable de ese cateo. En su manos tenía la droga y sus credenciales. Parecía que había hablado con alguién…

“Saben que esto es uhn delito federal. Que los podemos acusar de tráfico de drogas. Que más de 100 gramos ya no es consumo mínimo”, señaló con una voz bastante molesta. Pero en algún momento cambió, sus gestos se amabilizaron un poco y dijo: “por esta ocasión los voy a dejar ir; pero si los vuelvo a ver por aquí los matamos. ¡Quedó claro!”. Segundos después gritó: suéltenlos y devuélvanles sus cosas.

Los soldados obedicieron. Les quitaron las esposas. Los dejaron ir. No sin antes tomarles fotos, pedirles números telefónicos y sus direcciones en Morelia. Por cierto, entre las preguntas que les hicieron hubo dos recurrentes: ¿Qué hacen dos defeños (nacidos en el Distrito Federal) viviendo en la ciudad de Morelia? ¿Qué intereses tienen aquí?

Apuntes del autor:

Esta historia es verdadera. Lo único inventado son los nombres de los periodistas para su propia protección y del diario en dónde trabajaron. No hablamos de un hecho aislado ya que este tipo de acontecimientos comienzan a ser recurrentes en el país.

El trabajo de los reporteros cada vez se torna más complicado y aquí podemos ver un claro ejemplo de dos chavos que tuvieron que huir matarialmente de Morelia por el miedo a ser buscados

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3 comentarios »

  1. Orale!!!! si que estuvo fuerte, pero eso pasa en toda la republica, desafortunadamente siempre la fuerza policiaca abusa de su poder para ofender, delinquir y apañar a la gente; que triste que hasta de los uniformados nos tengamos que cuidar. Saludos

    Comentario por Karime — octubre 7, 2007 @ 6:41 pm | Responder

  2. Así suele pasar. ¿Qué se le va a hacer? Como ésta, diferentes historias de periodistas golpeados o censurados se están gestando. De ahí la importancia de denunciar cada uno de los casos. Claro hasta donde me sea posible.
    Saludos
    Emiliano

    Comentario por Emiliano Balerini — octubre 8, 2007 @ 10:15 am | Responder

  3. deberias cambiar tambien el nombre del periodico dond etrabajabas, no pongas a otros en riesgo… vas a estar asi?

    Comentario por Bola — octubre 11, 2007 @ 5:15 pm | Responder


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